Las imprudencias se pagan. Puesto que pasé por el Camino Francés con apenas un par de magulladuras, la deuda quedaba pendiente en el subconsciente, y han sido las rocas de la sierra Calderona las que se han venido a cobrar. En realidad he tenido mucha suerte, una caída a cierta velocidad a través de trialeras puede ser muy peligrosa. Aterricé en buena posición, y con la fortuna de llevar el casco. Los primeros minutos siembran siempre algo de miedo, especialmente si, como es mi caso, se emprenden estas salidas en solitario. Además, el móvil salió disparado en el golpe, y me puse nervioso al verme incapaz de llamar al 112, cuando ya había comprobado que me sería muy difícil llegar al pueblo más cercano.
No podré realizar la Vía de la Plata en mayo, lo que significa prácticamente, no poder hacerlo este año. Al menos voy mejorando, duele menos, y me muevo con menos dificultad, muleta en mano. Mala pata, y
mea culpa. No negaré que este es un duro golpe, no sólo en el sentido físico. Pero he sacado unas cuantas conclusiones, aparte de una hermosa cicatriz, recado del plato y sus dientes.
Casco siempre y por encima de todo.
Valorar los peligros con más severidad cuando se rueda en solitario.
Móvil a buen recaudo.
Si es posible, llevar un pack de frío instantáneo.
3 comentarios:
Auch!
:(
Duele nada más ver lo morado que se ha puesto..
(Parece cosa de Tarantino.. )
Al final todo pica.
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