Primera flecha del camino a su paso por España, en Roncesvalles
El camino de Santiago funciona como una gran parábola sobre el peso de la vida. Como una habitación vacía, sin cuadros, sin fotos, sin iconos o recordatorios donde reafirmarse y encontrar consuelo. Una habitación que se llena con la persona, y lo que trae dentro.
El Camino te simplifica, te deja a solas con tu peso -el peso de la mochila, el peso del corazón y lo que lleva consigo- y te hace entender la ligereza que requiere pasar por el día a día. La vida se antoja dura y penosa si se arrastra uno por ella. El Camino te enseña, no a liberarte, sino a hacerte ver, que debes liberarte. Es una lección que antes de que pase el cuarto día de peregrinación, se ve clara y resplandeciente.
El Camino te abre una puerta hacia dentro. Son muchas las horas de soledad, soledad real, pura, exquisita, dedicada al silencio, al mundo que te rodea. Vuelvo siendo consciente de mi realidad, de mis numerosísimos defectos, y escasas virtudes. Vuelvo siendo conocedor de lo destrozado de mi persona, de lo roto, o irreparable. De que quizás, no doy los pasos con los pies en la posición adecuada, con el ritmo necesario, con la cadencia respiratoria que me piden los latidos, y por eso llevo haciéndome daño al caminar durante tanto tiempo. ¡Qué poco me he escuchado a mí mismo y a mi corazón! Y la realidad es, que lo tengo demasiado duro, demasiado opaco.
El Camino es sudor, carga y sacrificio.
Día 8. Roncesvalles aparece lamiendo los pirineos, como sacado de un cuento atemporal y mágico. Más que un pueblo, se trata de un precioso conjunto de edificaciones religiosas o de hospedaje, ya que apenas componen la villa cuatro calles. Docenas de personas se acomodan de la mejor manera posible a los pies de la oficina del peregrino, esperando recibir el que será, para la mayoría, el primer sello de su credencial. Por la tarde todo ha quedado tranquilo. El aire limpio es de una pureza cuasi agresiva. Pero se respira paz.


2 comentarios:
Se respira paz, déjala dentro.
A mi también me ha encantado el camino.
Y me ha encantado leerte como has difrutado tú con él. Gracias.
Creo que volveré a hacerlo pronto.
¡Buen camino!
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