Los impulsos más viscerales llegan así, sin avisar, sin una reflexión previa, y quizás es por eso que mis planes para emprender una nueva ruta se están precipitando. La Vía de la Plata, o Camino de Santiago Mozárabe, se vislumbra claramente como mi próximo reto, a realizar entre los meses de abril y mayo. Una ruta que ha sido recorrida prácticamente por todas las civilizaciones que han poblado la península, y que une, en su interpretación más purista, Mérida y Astorga. Sin embargo, a lo largo del tiempo se fueron estableciendo sobre ella otros pasos y recorridos que ampliaron su dimensión, y que dan como resultado un punto de partida situado en Sevilla. Se trata de una peregrinación más dura, no sólo por la mayor distancia respecto al camino francés (unos 969 km) sino por las vicisitudes que puede provocar la meteorología cambiante de Extremadura, las grandes distancias entre poblaciones, y el paso por el sistema central, con sus consiguientes subidas. Además, es un camino considerablemente menos frecuentado, con todo lo que eso significa (para bien y para mal) y la señalización no es tan abrumadora. Digamos que no es difícil perderse, aunque sinceramente, esa es una idea que no desagrada en absoluto a mi espíritu un tanto imprudente.
De todas formas, sí es un buen momento para hacer inventario práctico, aprovechar para realizar un análisis de la practicidad del equipo que llevé; una criba entre los imprescindible, lo superfluo, y lo prescindible. Al fin y al cabo, en rutas tan largas, cada gramo de peso cuenta.

2 comentarios:
Ya! Eso es ya mismo! Aquí estaré ya lo sabes :)
oh benditos impulsos, sí sí sí!
ainamatopeya.
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