27 marzo 2011

Día 15

06:00 de la mañana, posando con Gaudí en León.

Día 15. Hasta en una etapa fea (o menos hermosa, si se prefiere) como la de hoy, se pueden encontrar estímulos. 

La hora del desayuno, sin duda un momento agradecido entre peregrinos, ha vuelto a demostrarme las buenas maneras de las monjas. Allí estaban las hermanas, preparando zumos, cafés y tostadas a buen ritmo, organizando el pequeño comedor como si de consumadas hosteleras se trataran.

La mañana ha sido fresca, lo que unido a la desoladora salida de León y el cielo nuboso, ha convertido los primeros kilómetros en un recorrido entre melancólico y deprimente. Valverde del Camino ejemplifica esa sensación. Pero incluso en su fantasmagórica estampa, existe algo de fascinación.

El Passo Honroso, en obras

Hospital de Órbigo y su famoso puente (unido inevitablemente a la leyenda del Passo Honroso) dan el toque medieval del día. Después de conversar con algunos aldeanos y almorzar, Eloi y yo hemos seguido hasta Astorga, acompañados esta vez por una chica italiana de energías sorprendentes (para tan menudo cuerpo). Sin duda, Astorga es de lo más espectacular que he conocido en el camino, no sólo por su rica y variada arquitectura, sino por su famoso chocolate, del cual hemos dado buena cuenta (nada como el azúcar para el buen peregrino) y polvorones. En verdad me ha dado pena dejar atrás un lugar así. 

Toparse con monumentos curiosos de casero aspecto, es el pan de cada día
Castilla en su esplendor

Al final te das cuenta de que, de una manera u otra, en el camino vas a ir cruzándote muy a menudo con los mismos de siempre. Eso añade un punto de ilusión a cada jornada, los encuentros y desencuentros son parte del día a día en toda una vida, y el camino no es ajeno a ello. En cualquier caso tengo claro que venir aquí solo ha sido una excelente elección. Y de todas formas, es muy improbable que ninguno de mis cercanos se apuntara. Creo que a la mayoría, les parece una aventura algo excéntrica, o demasiado dura.

Historia, sol y bicicletas: camino de Santiago en su máxima expresión.

En Rabanal del Camino están de fiesta (por cierto, este albergue, el más "auténtico" de los que he pateado hasta hoy) , ahora mismo están probando los equipos de sonido en la plaza del pueblo. Confío en que nos dejen dormir esta noche, que mañana empieza, por fin, mi subida a Cruz de Ferro, y promete ser dura. La valoración es pues, muy positiva. No aposté, hasta hace dos días, que llegase para el 16. Pero así va a ser. Perfecto. Me despido con el agradable olor de un plato de patatas, chorizo y huevos fritos.

Preciosas esculturas góticas en Astorga

1 comentario:

Soy ficción dijo...

Me ha encantado tu foto junto a Gaudí.